lunes, 10 de junio de 2013

WHERE THE WILD THINGS ARE. En recuerdo de Maurice Bernard Sendak


Hoy, día diez de junio del año 2013, se celebra el 85 aniversario del nacimiento del escritor e ilustrador de
libros infantiles, norteamericano, Maurice Bernard Sendak, una fecha escogida por el gigante de Internet Google para dedicarle uno de sus doodle animado, poblado por algunas de sus inmortales creaciones.

La figura de Sendak ha sido capital para la formación estética y casi diríamos que moral, de varias generaciones de niños anglosajones, los cuales han crecido leyendo sus historias. Títulos tales como In the Night Kitchen (1970); Outside Over There (1981) o su obra más conocida Where the Wild Things Are (1963) son una buena mezcla de la controversia que siempre rodeó la forma de ilustrar y escribir del literato americano y su forma sensata y nada edulcorada a la hora de tratar un tema tan delicado como es el de la niñez y el posterior paso a la madurez.

Como en cualquier otra faceta creativa, el trabajo de Maurice Bernard Sendak sigue siendo un GRAN desconocido, con letras mayúsculas, en nuestra geografía, a pesar de adaptación cinematográfica de su obra más conocida, estrenada ya hace unos años (2009) la cual pasó muy desapercibida por las pantallas españolas, al no contar el público con los referentes necesarios para poder valorarla.

Por dicha razón y, con motivo del ya mencionado aniversario, recuperamos esta reseña, actualiza para la ocasión, sobre el libro Where the Wild Things Are, titulado en nuestro país Donde Viven los Monstruos.

No les descubriré nada nuevo si les digo que hay libros que tienen que ser leídos en su momento. Otros, sin embargo, merece la pena descubrirlos muchos años después de que se publicaran originalmente. Una vez abiertos, la magia que esconde todo buen libro permanece tan intacta como el primer día y poco importan los años que pueda tener, tanto el libro como uno mismo.
Y eso es lo que me sucedió con Where the wild things are, escrita por Maurice Sendak en 1963.

Mi primera aproximación a la obra del escritor e ilustrador americano se debió, contrariamente a lo que se pudiera pensar, a causa de una colección de figuras.
En octubre del año 2000, McFarlane Toys comercializó una colección de siete figuras, las cuales reproducían al protagonista y los monstruos de la obra de Sendak. La colección raramente se pudo ver fuera de los Estados Unidos, debido a que la obra no se conoce fuera del mundo anglosajón. No obstante, tengo que admitir que las imágenes que pude ver, a través del catálogo del club de figuras de McFarlane, me hicieron buscar información sobre aquellos extraños y atractivos seres.

Al final, fue en una entrevista al propio Todd McFarlane en donde encontré la información que buscaba, en este caso, el nombre del autor de la historia en la que se basaban dichas figuras y que para McFarlane, Where the wild things are siempre había sido una de sus lecturas preferidas, desde muy pequeño.

Encontrar la obra no fue tarea fácil y hasta que me mudé al extranjero, años después, no pude leerla por primera vez. Y a verdad sea dicha, tengo que admitir que fue un “auténtico flechazo”, por decirlo de una manera simple y fácil de entender.

Where the wild things are es una historia tremendamente sencilla y simple en apariencia, pero poseedora de múltiples lecturas. El protagonista se llama Max, un niño algo rebelde y un tanto desobediente, que termina en su cuarto sin cenar, después de que su madre se enfade con él por su comportamiento. Max, ataviado con su disfraz de lobo, hace honor a su segunda piel de animal salvaje, poniendo la casa patas arribas, razón por la cual, su madre le llama “Wild Thing!”.
Por respuesta, Max le espeta “Te comería, si pudiera”. De ahí que el infante acabara en su cuarto castigado, y con el rostro enfadado.

Una vez allí, un gran bosque comenzó a crecer en las paredes de su cuarto. Y creció y creció y hasta un océano surgió y en él, un velero con su nombre, para que pudiera surcarlo, noche y día. Tras una travesía que no se sabe cuánto tiempo duró, Max arribó al lugar donde viven las criaturas salvajes. En la playa le esperaban Aaron, Bernard, Emil, Moishe, Tzippy y el niño cabra, mostrando sus terribles dientes, sus amenazantes garras y con sus enormes ojos amarillos, abiertos de par en par. 
Cualquier otro se hubiera asustado, pero ¿qué criatura salvaje podría asustar a otra criatura más salvaje que el propio Max?
Por ello, Max logró, no solamente someterlas sino convertirse en el rey de todas las criaturas salvajes del lugar.

Una vez coronado, Max se dedicó a jugar y jugar y jugar, allá donde las criaturas salvajes viven. Y así sucedió hasta que un día el rey Max empezó a tener hambre y, lo peor de todo, a echar de menos a su madre.
Entonces, Max decidió abandonar el lugar, embarcarse de nuevo en su velero y regresar a su casa, lejos del lugar donde las criaturas salvajes viven, pero más cerca de las cosas que a uno le importan de verdad.

Como podrán ver, la historia, a pesar de su claro componen fantástico es muy simple y ya se ha contado muchas otras veces.
Lo que la diferencia del resto es, no sólo el preciso lenguaje con que está escrita -nada sobra ni falta en cada frase- sino la maravillosa iconografía desplegada por Sendak en sus páginas. Max es un niño, a pesar de estar vestido con un disfraz de lobo. Y las criaturas, a pesar de ser consideradas como “monstruos”, terminan por ser cualquier cosa menos eso, unos monstruos.

Sendak, originalmente, quería dibujar criaturas fantásticas al uso, tipo unicornios, elfos y demás, pero dado que no le terminaban por quedar bien, más bien se parecían a monstruos o a un ser extraño y deforme, se decidió por desarrollar a sus criaturas. Sus creaciones son una mezcla de diversos animales. Por ejemplo, el monstruo Emil tiene similitudes con un pájaro, aunque ande sobre sus patas y tenga brazos terminados en garras. Bernard tiene cabeza de toro y pies humanos, mientras que Aaron posee un cuerno de rinoceronte o, si prefieren, de unicornio, aunque el resto de su anatomía poco tenga que ver con los dos seres antes comentados.

Los únicos “monstruos” en el sentido literal de la palabra son Moishe y Tzippy aunque ambos son, con diferencia, los más adorables del grupo de las criaturas salvajes.
Max, ya lo hemos dicho antes, luce y se comporta como un niño, amante de los juegos, de la experimentación, de descubrir secretos desde que se levanta hasta que se acuesta y así mismo lo representa Sendak, ataviado con su indumentaria de lobo, como una verdadera “criatura salvaje”.

Dicho esto y aunque quisiera, no podría describirles todas las sensaciones visuales que transmite la obra de Sendak, su cromatismo o las expresiones que poseen cada uno de los personajes. Más bien sería como una sinfonía en donde nada está fuera de lugar, donde cada nota suena tal y como el compositor imaginó en su cabeza y la suma de todas ellas nos transporta hasta un lugar mágico, donde las criaturas salvajes moran.

Sendak -quien decidió dedicarse al mundo de la ilustración tras ver la película de animación musical Fantasía- huye de los colores chillones, llenando las páginas de totalidades ocres, tierras, grisáceas y pardas, logrando transmitir una sensación de calma al lector o, si quieren, una atmósfera cálida y sosegada que impregna toda la narración.

Desde su publicación, Where the wild things are ha vendido cerca de veinte millones de ejemplares y ha disfrutado de una adaptación animada, una ópera, la mencionada colección de figuras y una versión cinematográfica, dirigida por Spike Jones y producida por el propio Maurice Sendak.

Para el autor, quien llegó a ser uno de los primeros miembros del Childrens Television Workshop (CTW) –The non profit educational organization behind Sesamo Street and so much more- el libro se ha convertido en su mejor tarjeta de presentación profesional de una carrera que se extiende ya, a lo largo de seis décadas.

Where the wild things are es una historia para descubrir, para leer, para memorizar, disfrutar y no olvidar. Es una historia en la que cualquiera se puede sentir identificado, sin importar la edad, la raza o el nivel social. Todos llevamos dentro a Max y todos somos una “criatura salvaje” en mayor o menor medida.
Lo único que nos queda es embarcarnos en el mismo viaje que Max, descubrir dónde viven las criaturas salvajes y qué cosas son realmente importantes en nuestra vida y cuáles no.

Where the wild things are © Maurice Bernard Sendak, 2013




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