martes, 24 de abril de 2012

THE WALKING DEAD: EL GOBERNADOR

Surgido de la mente del guionista Robert Kirkman para la serie gráfica The Walking Dead, Philip representa, como nadie, la bestia depravada que anida en el interior del ser humano. No obstante, el degenerado, pero atractivo personaje captó, bien pronto, el interés de los lectores de la serie gráfica, una circunstancia que no suele ser ajena a personajes de estas características.

La realidad nos cuenta que los “malos” de la película son mucho más atractivos y poliédricos que los buenos, mucho más planos y unidimensionales. Y Philip es la quintaesencia del líder megalómano, sádico y carente de cualquier otro principio que no sea su propia supervivencia, aunque las cosas no siempre fueron así.
Por extraño que pueda parecer, hubo un tiempo en el que Philip Blake se preocupaba, no sólo de sí mismo sino de otras personas, principalmente de su hija, de su hermano, Brian, y de sus amigos de instituto Bobby Marsh y Nick Parsons. Y antes que eso, Philip era un hombre “de familia” casado con Sarah y con quien tuvo una niña, Penny, que se convirtió en el centro de su existencia tras la muerte de su esposa.

Luego llegó la plaga y Philip se reunió con sus viejos colegas y con su hermano, mucho menos decidido que él, para, entre todos, tratar de sobrevivir en medio de aquel Armagedón y, de paso, proteger a su hija.

Ya por aquel entonces, Philip sabía que la sociedad se había ido por el retrete y que las normas de antaño no valían un carajo. Sin embargo, su descenso a los infiernos había comenzado justo después de la muerte de Sarah, una circunstancia que le hizo ir perdiendo buena parte de la fe que tenía en la raza humana. Con la llegada de los caminantes, Philip fue tejiendo una pétrea coraza a su alrededor y la humanidad de antaño fue dando paso a una irracionalidad que lo fue consumiendo, poco a poco.

Y es este camino de deconstrucción personal el que nos narran Robert Kirkman y Jay Bonansinga en la novela The Walking Dead: el Gobernador, crónica de una degeneración humana y social, en medio de un mundo sin reglas.

La mayor virtud del libro, además de no dejar de sorprendernos, es la fusión entre los guiones visuales de Robert Kirkman y la prosa, medida y cuidada, de Jay Bonansinga, un autor más que conocido por los lectores habituales del género del terror y el suspense, gracias a sus novelas Black Mariah, Perfect Victims y Frozen.

Eso sí, un aviso para aquellos admiradores de la sería gráfica original… El final esconde una sorpresa MAYÚSCULA.

Autores: Robert Kirkman y Jay Bonansinga
Precio: 17 euros
Editor: Timun Mas
Páginas: 360 páginas
ISBN-10: 8448040333
ISBN-13: 978-8448040338


Agradezco a Eduardo Serradilla Sanchis la cesión de este comentario para poder publicarlo en esta sección.

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