jueves, 17 de diciembre de 2009

WHERE THE WILD THINGS ARE

Hay libros que tienen que ser leídos en su momento. Otros, sin embargo, merece la pena descubrirlos muchos años después de que se publicaran originalmente. Una vez abiertos, la magia que esconde todo buen libro permanece tan intacta como el primer día y poco importan los años que pueda tener, tanto el libro como uno mismo.
Y eso es lo que me sucedió con Where the wild things are, escrita por Maurice Sendak en 1963.

Mi primera aproximación a la obra del escritor e ilustrador americano se debió, contrariamente a lo que se pudiera pensar, a causa de una colección de figuras.
En octubre del año 2000, McFarlane Toys comercializó una colección de siete figuras, las cuales reproducían al protagonista y los monstruos de la obra de Sendak. La colección raramente se pudo ver fuera de los Estados Unidos, debido a que la obra no se conoce fuera del mundo anglosajón. No obstante, tengo que admitir que las imágenes que pude ver, a través del catálogo del club de figuras de McFarlane, me hicieron buscar información sobre aquellos extraños seres.

Al final, fue en una entrevista al propio Todd McFarlane en donde encontré la información que buscaba, en este caso, el nombre del autor de la historia en la que se basaban dichas figuras y que para McFarlane, Where the wild things are siempre había sido una de sus lecturas preferidas, desde muy pequeño.

Encontrar la obra no fue tarea fácil y hasta que me mudé al extranjero, años después, no pude leerla por primera vez. Y a verdad sea dicha, tengo que admitir que fue un “auténtico flechazo”, por decirlo de una manera simple y fácil de entender.

Where the wild things are es una historia tremendamente sencilla y simple en apariencia, pero poseedora de múltiples lecturas. El protagonista se llama Max, un niño algo rebelde y un tanto desobediente, que termina en su cuarto sin cenar, después de que su madre se enfade con él por su comportamiento. Max, ataviado con su disfraz de lobo, hace honor a su segunda piel de animal salvaje, poniendo la casa patas arribas, razón por la cual, su madre le llama “Wild Thing!”.
Por respuesta, Max le espeta “Te comería, si pudiera”. De ahí que el infante acabara en su cuarto castigado, y con el rostro enfadado.

Una vez allí, un gran bosque comenzó a crecer en las paredes de su cuarto. Y creció y creció y hasta un océano surgió y en él, un velero con su nombre, para que pudiera surcarlo, noche y día. Tras una travesía que no se sabe cuánto tiempo duró, Max arribó al lugar donde viven las criaturas salvajes. En la playa le esperaban Aaron, Bernard, Emil, Moishe, Tzippy y el niño cabra, mostrando sus terribles dientes, sus amenazantes garras y con sus enormes ojos amarillos, abiertos de par en par. Cualquier otro se hubiera asustado, pero ¿qué criatura salvaje podría asustar a otra criatura más salvaje que el propio Max?
Por ello, Max logró, no solamente someterlas sino convertirse en el rey de todas las criaturas salvajes del lugar.

Una vez coronado, Max se dedicó a jugar y jugar y jugar, allá donde las criaturas salvajes viven. Y así sucedió hasta que un día el rey Max empezó a tener hambre y, lo peor de todo, a echar de menos a su madre.
Entonces, Max decidió abandonar el lugar, embarcarse de nuevo en su velero y regresar a su casa, lejos del lugar donde las criaturas salvajes viven, pero más cerca de las cosas que a uno le importan de verdad.

Como podrán ver, la historia, a pesar de su claro componen fantástico es muy simple y ya se ha contado muchas otras veces.
Lo que la diferencia del resto es, no sólo el preciso lenguaje con que está escrita -nada sobra ni falta en cada frase- sino la maravillosa iconografía desplegada por Sendak en sus páginas. Max es un niño, a pesar de estar vestido con un disfraz de lobo. Y las criaturas, a pesar de ser consideradas como “monstruos”, terminan por ser cualquier cosa menos eso, unos monstruos.

Sendak, originalmente, quería dibujar criaturas fantásticas al uso, tipo unicornios, elfos y demás, pero dado que no le terminaban por quedar bien, más bien se parecían a monstruos o a un ser extraño y deforme, se decidió por desarrollar a sus criaturas. Sus creaciones son una mezcla de diversos animales. Por ejemplo, el monstruo Emil tiene similitudes con un pájaro, aunque ande sobre sus patas y tenga brazos terminados en garras. Bernard tiene cabeza de toro y pies humanos, mientras que Aaron posee un cuerno de rinoceronte o, si prefieren, de unicornio, aunque el resto de su anatomía poco tenga que ver con los dos seres antes comentados.

Los únicos “monstruos” en el sentido literal de la palabra son Moishe y Tzippy aunque ambos son, con diferencia, los más adorables del grupo de las criaturas salvajes.
Max, ya lo hemos dicho antes, luce y se comporta como un niño, amante de los juegos, de la experimentación, de descubrir secretos desde que se levanta hasta que se acuesta y así mismo lo representa Sendak, ataviado con su indumentaria de lobo, como una verdadera “criatura salvaje”.

Dicho esto y aunque quisiera, no podría describirles todas las sensaciones visuales que transmite la obra de Sendak, su cromatismo o las expresiones que poseen cada uno de los personajes. Más bien sería como una sinfonía en donde nada está fuera de lugar, donde cada nota suena tal y como el compositor imaginó en su cabeza y la suma de todas ellas nos transporta hasta un lugar mágico, donde las criaturas salvajes moran.

Sendak -quien decidió dedicarse al mundo de la ilustración tras ver la película de animación musical Fantasía- huye de los colores chillones, llenando las páginas de totalidades ocres, tierras, grisáceas y pardas, logrando transmitir una sensación de calma al lector o, si quieren, una atmósfera cálida y sosegada que impregna toda la narración.

Desde su publicación, Where the wild things are ha vendido cerca de veinte millones de ejemplares y ha disfrutado de una adaptación animada, una ópera, la mencionada colección de figuras y una versión cinematográfica, dirigida por Spike Jones y producida por el propio Maurice Sendak.
Para el autor, quien llegó a ser uno de los primeros miembros del Childrens Television Workshop (CTW) –The non profit educational organization behind Sesamo Street and so much more- el libro se ha convertido en su mejor tarjeta de presentación profesional de una carrera que se extiende ya, a lo largo de seis décadas.

Where the wild things are es una historia para descubrir, para leer, para memorizar y disfrutar. Es una historia en la que cualquiera se puede sentir identificado, sin importar la edad, la raza o el nivel social. Todos llevamos dentro a Max y todos somos una “criatura salvaje” en mayor o menor medida.
Lo único que nos queda es embarcarnos en el mismo viaje que Max, descubrir dónde viven las criaturas salvajes y qué cosas son realmente importantes en nuestra vida y cuáles no.




miércoles, 2 de diciembre de 2009

LOS VENGADORES: LA GUÍA DEFINITIVA, de Tom DeFalco

Cuenta la leyenda que la idea de crear un grupo como los Vengadores losvengadores1asurgió mientras el entonces propietario de Timely Comic –después conocida como Marvel Comics-, Martin Goodman, jugaba al golf con un colega de su distinguida competencia, DC Comics.

En el transcurso del juego, Goodman se enteró que una de las colecciones punteras de su competidor era la Justice League of America. Ésta había sido presentada en el número 28 de la colección The Brave & the Bold (febrero-marzo de 1960) y reunía a Superman, Wonder Woman, The Flash, Aquaman, Green Lantern, The Martian Manhunter y Batman.

La idea, auspiciada por el renovador Julius Schwartz, –impulsor de la llamada Edad de plata de los cómics- bebía de la veterana Justice Society of America, grupo de héroes organizado en los años 40 por DC y que a la postre se convirtió en el primer grupo de héroes gráficos de la historia. Ante tal revelación, Goodman decidió hablar con su guionista de confianza, a la sazón pariente suyo, Stan Lee, para proponerle que hiciera lo mismo con los personajes de su editorial.

El problema era que la editorial sólo disponía de personajes que llevaban varias décadas desaparecidos –la primigenia Antorcha humana, Namor o el Capitán América- y Lee no estaba muy por la labor de resucitarlos para emular a la JLA de la editorial DC Comics.
Meses después, Lee escribiría la primera de las historias del cuarteto de superhéroes más famosos del mundo gráfico y con ellos daba comienzo lo que después se conoció como Marvel Comics.

Tras la familia Richard llegaron personajes como Ant Man (el hombre hormiga), Iron Man (el hombre de hierro), The Mighty Thor, The incredible Hulk y The Wasp (la avispa) siendo sólo cuestión de tiempo que unieran sus destinos en alguna colección.
La oportunidad le llegó a Lee en septiembre de 1963, fecha de salida del Avengers #1, con guión del propio Lee y dibujo de Jack Kirby.

En este primer encuentro, los héroes deben hacer frente a las amenazas del malvado Loki, hermanastro de Thor, el dios del trueno. Cuando todo termina, los personajes allí reunidos deciden unirse para poder defender al mundo de villanos como el mentado Loki.
Tras aquello y fiel a su premisa, Lee comenzó a introducir toda una serie de circunstancias vitales en los personajes –superhéroes con superproblemas- forzando situaciones, introduciendo personajes, e integrando al grupo dentro de la continuidad del universo de la Casa de las Ideas.

No es de extrañar que poco tiempo después, en el Avengers #4, el Capitán América regresara a las páginas de los cómics para ocupar el puesto de líder del grupo.
Desde entonces, lo más granado del panteón de héroes de la editorial ha formado parte del grupo como miembros en activo o en la reserva, o han sido invitados a formar parte de él, cuatro décadas después de su formación.

Los últimos tiempos han estado marcado por los cambios, por las nuevas incorporaciones y por una estética más adecuada a los tiempos que corren.
Además, la serie Ultimates supone una vuelta de tuerca que ha transformado al primigenio grupo gráfico en una fuerza operativa que bien pudiera formar parte del arsenal de cualquier país desarrollado de nuestro mundo.

De ahí la validez de una propuesta como la que presenta esta Guía Definitiva de Los Vengadores, publicada en versión castellana por Ediciones B. En ella se realiza un recorrido por buena parte de los personajes que han formado parte del grupo, así como de las portadas de los números más emblemáticos publicados en sus más de 40 años de historia.
También hay espacio para los villanos, algunos de los cuales han tenido tanta relevancia dentro del universo Marvel como los propios héroes.

Uno de los aciertos que presenta cada una de las fichas en las que se cuenta el pasado y presente de los personajes es la oportunidad de apreciar los cambios gráficos que éstos han sufrido a lo largo de las décadas. Con ello, el lector se puede hacer una idea de los diferentes estilos que han ido conformando el universo de la Casa de las Ideas.
Bien es cierto que un seguidor veterano de las publicaciones de la editorial pudiera requerir más información sobre un determinado evento, de los muchos que han conformado la historia de los Vengadores. No obstante, la función primordial de este tipo de publicaciones es la de servir de apoyo para poder conocer a un determinado personaje y/ o grupo de personajes del mundo del noveno arte y, por tanto, su validez está fuera de toda duda.

La calidad de las imágenes y la cuidada presentación la convierten en una herramienta fundamental para todo buen seguidor del universo creado por Stan Lee, Jack Kirby y Steve Ditko, que ha continuado gracias a tantos buenos autores desde la década de los 60.
Sus últimas páginas demuestran que a la historia del grupo aún le quedan muchas aventuras por vivir y ser descubiertas por sus seguidores, sobre todo con el anuncio de su paso al cine, dentro de unos pocos años.