domingo, 28 de junio de 2009

LOS BORGIA: SANGRE PARA EL PAPA (Tomo 1) y EL PODER Y EL INCESTO (Tomo 2)

Guión: Alejandro Jodorowskyborgia1
Dibujo: Milo Manara
Formato: álbum en tapa dura de 56 páginas,  a color. 
Editorial: Norma Editorial
Precio: 14€, cada uno


En una época en la que nuestra sociedad se debate entre reivindicar la memoria histórica del país–frente a los que piensan que hay que dejar las cosas como están- los Borgias dejan claro que es necesario tener presente el pasado para evitar errores en el futuro.
Además, y en medio de una ola de revisionismo religioso –y también de inmovilismo- en especial por éxitos literarios como El Código da Vinci y Ángeles y Demonios, la historia de una de las familias más influyentes e intrigantes de cuantas han pasado por la Santa Sede aporta un elemento más para el análisis.

Bien es cierto que los Borgia han sido tema de habladurías, leyendas y argumentos literarios –en especial aquellos creados por escritores como Victor Hugo y Alejandro Dumas-. Sin embargo, los historiadores coinciden que la dinastía de los Borgia simbolizó la férrea unión del poder político-económico-religioso que gobernó los designios de buena parte de la Europa del Renacimiento.

La dinastía de los Borgia comenzó con Alfonso de Borgia, nombrado cardenal en 1.444 y Papa de Roma con el nombre de Calixto III. Alfonso, nacido Borja en su Valencia natal, nombraría cardenal y general de las fuerzas papales a su sobrino, Rodrigo Borgia. Éste demostró ser un superviviente en el más amplio sentido de la palabra, moviéndose por los estrechos vericuetos de una Roma condicionada por los príncipes y mandatarios de una Italia dividida en ciudades-estado.
Rodrigo, hombre de una espiritualidad más que cuestionable, tenía claro que se necesitaba un hombre fuerte para devolver a la ciudad de Roma a su antiguo esplendor, empeño que dictó sus acciones en pos de lograr ser nombrado Papa.

Paralelamente a sus intrigas, Rodrigo mantuvo una larga relación amorosa con Vanozza Catani, cortesana procedente de la nobleza –algo habitual en aquellos turbios momentos- quien le daría cuatro vástagos, César, Juan, Godofredo y la pequeña Lucrecia. El futuro Papa no dudaría en utilizarlos como moneda de cambio para aumentar su poder y tejer un intricado tapiz de alianzas entre los reinos de Italia, Francia y España.

Sus acciones, motivadas más por intereses personales que por la espiritualidad de su cargo, siempre gustaron de preservar el nombre de su familia, razón por la cual nombraría cardenales a cerca de medio centenar de familiares suyos.
Entre ellos figuraba su hijo César, personaje tan intrigante y sibilino como su padre. De él se dice que Nicolás Maquiavelo lo tomó de ejemplo para escribir su celebérrimo El Príncipe.

César, nombrado obispo de Pamplona con 17 años y cardenal y arzobispo de Valencia con veinte, abandonaría la carrera religiosa –por la que no sentía ninguna vocación- para pasar a ser el general en jefe de los ejércitos papales en sustitución de su fallecido hermano Juan.
César no sólo fue un hombre ambicioso y ciertamente cruel sino un mecenas capaz de convencer a un indómito Miguel Ángel para que dibujara los planos de la reconstrucción de la basílica de San Pedro.

La tercera en discordia, sumida en la leyenda de su mortíferos encantos, es la pequeña Lucrecia, conocida por sus matrimonios y por las extrañas borgia2muertes que sucedieron a su alrededor. De ella se ha escrito, postulado y fantaseado tanto o más que con la vida de su padre y su hermano César. No obstante, lo que sí está claro es que su vida estuvo condicionada por los deseos de su padre y –en menor medida- por su hermano César, quienes la utilizarían para afianzar el poder y la influencia del apellido Borgia.

No es de extrañar, por lo tanto, que Mario Puzzo, escritor de El Padrino y de un libro dedicado a la familia Borgia, considere que representan la primera de las familias mafiosas de la historia contemporánea.
En esta ocasión, los Borgia están analizados por el trabajo del polifacético y a veces controvertido artista chileno Alejandro Jodorowsky. La sensualidad y la belleza que destila la obra es producto del artista italiano Milo Manara.

Jodorowsky aborda su trabajo con el rigor que toda obra de estas características conlleva, tratando de reflejar la convulsa época en la que se desarrolla la trama. De ahí que junto a los personajes reales de aquel momento histórico, el guionista guste de callejear por una ciudad que, en aquellos momentos, tenía muy poco de santa.

Otro elemento en el que hace especial hincapié Jodorowsky es en las relaciones familiares que mantuvo Rodrigo Borgia con sus hijos, sobre todo con César y Lucrecia. En sus conversaciones asistimos a la antesala de lo que luego se conocerá como la Mafia, donde el poder, el dinero y los lazos familiares conforman una manera de entender la vida.

También hay momentos para el placer y la carnalidad –moneda tan de uso en aquellos momentos como el oro o la plata-. Para ello, Jodorowsky cuenta con el italiano Milo Manara, uno de los mejores artistas gráficos de las últimas décadas. La maestría de Manara, autor consagrado por su dominio de la anatomía humana, –sobre todo la femenina- también está presente en su capacidad por recrear los palacios, plazas, calles y estancias renacentistas, los cuales sirven de escenarios para toda la trama.

El resultado es una obra adulta, rica en matices y también dura y compleja de leer por lo allí expuesto –comparable a cualquier libro escrito sobre el tema. En ella se dan la mano, la historia y la leyenda casi a partes iguales, pintando el cuadro de una de las familias más inquietantes de cuantas llenan los libros de la historia.

El que sea una obra gráfica y no un libro, en el más estricto sentido de la palabra, no significa que no merezca formar parte de esta sección. La calidad de la obra, bien lo merece.

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