martes, 19 de mayo de 2009

NANNERL, LA HERMANA DE MOZART

Rita Charbonniernn
Paginas: 448
Precio: 26€
ISBN: 8435061310
Editorial Edhasa


Wolfang Amadeus Mozart fue –como ya se sabe- un gran músico, compositor, y concertista de su época, capaz de conmover a reyes, aristócratas que, en cambio, murió pobre y con la convicción de que había sido envenenado.
Pero, ¿quién fue realmente Mozart? ¿Cómo llegó a ser el gran compositor, cuya nombre aún se pronuncia y cuyas obras se interpretan hoy en día a lo largo del planeta? Todo eso lo podemos conocer en este libro, de la mano de su hermana, Nannerl.

Maria Anna Walburga Ignatia Mozart, Nannerl, era hija de Leopold Mozart, un músico profesional cuya única ambición era ser famoso y, en un nivel superior, ir a Italia, país considerado la meca de la música del momento.
Nannerl fue una niña prodigio, dio conciertos con tan sólo cinco años y logró cautivar a su público por su maestría frente al clavicémbalo. Una vez nacido Wolfang sus padres decidieron que ella se debía ocupar del hermanito, quien ya demostraba interés por la música.

Es a partir de la primera interpretación de Wolfang, delante de su padre y sus amigos músicos, a los tres años, que Nannerl quedará para siempre relegada a una segunda posición, aunque su talento era tal que, junto con su hermano –y anunciando siempre que tenían dos años menos de los que realmente tenían, por su padre- dio conciertos para los reyes de Francia e incluso llegó a ir a Inglaterra junto con su familia.

Esta mujer con kilómetros a su espalda, experiencia a raudales y talento sin discusión no sólo interpretaba música, sino que, además, se atrevía a componer. Esto debía hacerlo siempre a escondidas, ya que su padre –el jefe de familia en el más puro sentido de la palabra- no toleraba que nadie sino su preciado Wolfang fuera el que compusiera música o tocara el violín, instrumento considerado poco apto para las manos femeninas.

Además, el puesto de la mujer, según la sapiencia de Leopold Mozart, no era el de ser concertista, sino el de ser profesora de música -de alumnas con alto poder adquisitivo- para así pagar los estudios de su adorado hijo, el gran genio de la música.

Gracias a esta sapiencia antes comentada, Nannerl se vio relegada a una miserable vida de profesora de música, dando clases de piano a hijas de aristócratas que tenían como se suele decir “una oreja frente a la otra”, y a tener que soportar la soporífera vida de Salzburgo, llena de eventos sociales pensados para desposar a jóvenes de buena familia, para enviar dinero a Wolfang y a su padre, que se encontraban en Italia.

No es de extrañar, por tanto, que Nannerl se sumiera en una profunda depresión y que no saliera de su habitación durante días, que odiara profundamente a su padre y resintiera a su hermano -el mismo a quien había amado desde que naciera, y protegido y defendido del estricto padre-.
Nannerl pasó de ser una joven tímida, pero llena de vida gracias a la música, a ser una joven cínica, considerada de mal carácter y mucho genio. Para acabar de rematar la jugada, Nannerl decidió que ya no tocaría música nunca más y quemó las partituras que siempre llevaba entre las enaguas.

La relación entre los hermanos pasó a ser de muy intensa a fría desde ese momento y se transformó en gélida por un acontecimiento que causó la huida de Wolfang de Salzburgo y otra profunda depresión de Nannerl.
Cuando ya pensaba que no le quedaba otra cosa que morir surge la esperanza, en forma de San Gilgen, que le sirve no sólo para despertar sino para volver a ser persona.

Tal y como reza en la contraportada del libro En una novela de perfecta estructura musical y escrita con una prosa evocadora y de marcado ritmo, Rita Charbonnier reivindica la figura de un personaje que se reveló contra las convenciones de su tiempo y pugnó por hacerse un nombre entre la pléyade de grandes compositores de la época.

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