jueves, 6 de marzo de 2008

LA PIEL DE LA MEMORIA

Jordi Sierra i Fabra
Colección Alandar
Páginas: 194
Editorial Edelvives
 

Mi única intención ha sido mostrar a través de los ojos de un niño que no sabe nada, porque nadie le ha enseñado, lo que percibe de una situación dramática que se inicia cuando su padre le vende y se ve arrancado de su hogar y obligado a trabajar brutalmente.

Jordi Sierra i Fabra, en la carta que sirve de introducción al libro.  

De esta forma tan clara y gráfica, el escritor, viajero y estudioso del Rock & Roll, Jordi Sierra i Fabra. nos presenta al protagonista de uno de sus últimos trabajos, titulado La piel de la memoria.En esta ocasión se trata de un niño de doce años que acabará trabajando como esclavo, en una plantación de cacao, y cuyo único delito fue haber nacido en una aldea africana 

Me llamo Kalil Mtube y nací en una aldea de Malí que ni siquiera sale en los mapas. De niño creía que no había otra cosa, que el mundo entero era mi pequeño mundo. Desconocía distancias, razones, porqués, cuándos y cómos. No sabía nada, y en mi ignorancia, era feliz. Pero la ignorancia es también la raíz de muchos de nuestros males.  

Tras ser vendido como un objeto a un ser de múltiples nombres, pero cuyos únicos argumentos son la fuerza de su vara de madera, Kalil y otros niños y niñas como él emprenderán un tortuoso camino que los llevará hasta una de las muchas plantaciones que se alimentan de los esclavos del siglo XXI.

Allí conocerá al despiadado y explotador propietario del lugar, Manu Sibango, y el verdadero significado de la palabra dolor y agotamiento. A partir de entonces, Kalil y sus compañeros trabajarán de sol a sol por poco menos que una ración de comida y una esterilla para dormir. Han pasado a ser una propiedad del dueño del lugar y allí permanecerán hasta que mueran o cuando ya no sean capaces de trabajar como animales.  

En medio de esta pesadilla, que parece que nunca terminará, también habrá momentos para la camaradería e, incluso, para conocer el roce de la piel de una joven como él. No obstante, son sólo espejismos en medio de una realidad tan terrible como mortal. De ahí que, al contrario que muchos de sus compañeros de cautiverio, el espíritu de Kalil no se rindió y, cuando llegó su momento de escapar, supo aprovecharlo.  

Vinieron luego tiempos mucho más tranquilos y relajados, en compañía de Ama Maru y Masa Bissou. Lo justo para curar las heridas y partir hacia un futuro que llevará a Kalil a padecer otra pesadilla aún peor, la misma que deben soportar los 300 000 “niños de la guerra” que se calcula que combaten en alguna parte del globo en estos mismos momentos.  

Y si duras fueron las experiencias en la plantación, imaginen lo que supuso para Kalil formar parte de una guerrilla –más letal y despiadada que el látigo de Manu Sibango- para luego, sin saber cómo ni por qué, volver a ser tratado como un animal y embarcado en un insalubre navío, con rumbo a ninguna parte.  

La tragedia vital que deberá soportar Kalil resume, demasiado bien, la realidad de buena parte de la población del continente africano. Para quienes han tenido la terrible desgracia de nacer en aquellos lugares, sólo les queda esperar que su pequeño mundo, similar al de Kalil, no salte en mil pedazos por cualquiera de las razones que cuenta Jordi Sierra i Fabra en esta novela.  

Al final, Kalil logró sobrevivir para contar los horrores que debió pasar, cuando sólo era un niño, y llamarnos la atención, a los habitantes del llamado “primer mundo”, sobre lo que sucede en otras partes del globo.  

Y no quiero olvidar a Mayele Kunasse, quien me habló una vez de “la piel de la memoria”. Me dijo que la memoria es como una cebolla que tiene muchas capas. En la más profunda está la verdad, lo que somos, lo que realmente somos, el lugar al que pertenecemos, nuestro origen, el olor de nuestra madre, el semblante de nuestro padre…

Y me dijo que al crecer vamos formando nuevas capas, encerrando ese corazón. Y cuando más crecemos, más capas aportamos. La vida va creando nuevas pieles, a veces tan gruesas que incluso nos apartan de los recuerdos más inmediatos; así que los más lejanos o profundos…

Y si perdemos “la piel de la memoria…”Lo perdemos todo. 

En un mundo donde estamos acostumbrados a desayunar viendo en las noticias como un nuevo cayuco ha arribado a nuestras costas, con algún que otro cadáver, o leer los titulares de alguna nueva guerra tribal o económica en el continente africano, La piel de la memoria supone toda una llamada de atención para que las nuevas generaciones no permanezcan tan pasivas como las que ahora mismo gobiernan el mundo.  

Jordi Sierra i Fabra nos cuenta la historia de Kalil de forma clara, sin recurrir a ornamentos lingüísticos que en nada beneficiarían a la lectura. Su prosa es sencilla, pero no exenta de calidad, pensada para que cualquiera que abra las páginas del libro se quede enganchado a él.  

Puede que, tras la lectura, poco podamos hacer por los 17 000 000 de niños que trabajan en el mundo como esclavos, pero, a buen seguro, que valoraremos un poco más aquellas cosas que para nosotros son tan normales, tales como abrir la puerta de la nevera, o beber un vaso de leche con cacao cada mañana.   

1 comentario:

  1. hola tengo 19 años leei ste libro hace ya unos años 4,5,6 años no lo se
    este libro me dejo marcado sor mas humano creeo que todo el mundo
    tendria que leer este libro cuando es pequeño yo no estudie mucho vamos e leeido 10,11,12,20 como mucho pero este libro lo tendria que leer todo el mundo muchas gracias al autor por romper la capa de roca que mucha gente tiene contra los imigrantes no saven que para llegar a nuestro pais sufrieron antes mucho que no estan aqui por gusto que nadi esta mas agusto que en su casa recomiendo este libro a todo el mundo yo despues de muchos años me rencontre de nuevo con ese niño vendido por sus padres
    y sufridor me quedo con las ultimas palabras de Kalil en el libro.

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